HISTORIA DE UN CINECLUB (El Cine-Club Paúles - Barakaldo)

A colación del último encuentro de cineclubs de Euskal Herria (14/09/2019), nos ha parecido interesante desempolvar este pequeño botón, extractos de un excelente trabajo (documentado) publicado por Ezagutu Barakaldo (3-jul-2012). Cultura. En él podremos vivir la experiencia (muy bien contextualizada) de un cineclub:
Cine-Club Paúles (1975-1982)

 

  • Introducción

A mediados de los años 70, en que se inicia el Cine-Club Paúles, se producía un lento retroceso del espectáculo cinematográfico en el Estado español. Espectadores en 1966: 403 millones; en 1970: 330 millones; en 1975: 255 millones.
El Plan de Estabilización y Liberalización Económica de 1959 introdujo una serie de cambios en la economía franquista hacia un capitalismo de corte neoliberal. Que impulsó el surgimiento de una incipiente sociedad de consumo y propició una serie de cambios sociales, con modificación en las formas de entretenimiento de la población: toros, fútbol y espectáculo cinematográfico (que era la diversión más extendida y más popular). Paralelo a la disminución de espectadores se produjo la disminución de cinematógrafos, en 1966: 8.193; en 1970: 6.911 y en 1975: 5.076. O sea, en una década 3.117 cines.
Las nuevas opciones de diversión: el automóvil, la televisión, la música popular y las salas de fiestas. Esta crisis del espectáculo cinematográfico no fue exclusiva de España. A ello se debe añadir el envejecimiento de los cines (mención al empresario Alfredo Matas). Además, el sistema de distribución era jerárquico: Madrid, Barcelona y luego el resto, demorándose en el tiempo, y con pocas copias, llegando destrozadas al final ‘del viaje’. Entonces se vivió un trasvase de espectadores, para ver cine, de las salas a la TV. Un dato relevante es la venta de televisores, en 1966: 1.750.000 y en 1976: 6.965.000.

 

  • Crisis de exhibición en Barakaldo

Analizando la evolución de salas en Bizkaia vemos la evolución descendente, 164 (1966); 156 (1967); …142 (1970) o 117 (1975). En Barakaldo se produce el primer cierre el 15/03/1970, el Cine Buen Pastor (de 1962), le siguió el Gran Cinema Baracaldo (de 1915) el 31 de marzo de 1970. El primero en el barrio de Lutxana y el segundo en el centro. En su fase de crecimiento, Barakaldo llegó a tener 15 salas. Tras los cierres continuos en 1975 sólo quedaron 6 cines: Rontegui, Altos Hornos, Guridi, Salón Fantasio, Coliseo San Vicente y el Cine Burceña.

 

  • Sesiones de cinefórum

El espectáculo cinematográfico presenta varias facetas: lúdica, educativa, publicitaria y cultural. Es ésta última la que impulsan fundamentalmente los cineclubs, pero tardó en cristalizar, teniendo en cuenta que las primeras experiencias cineclubísticas, tanto en España como en el País Vasco, datan de los años veinte.
Los orí­genes del cineclubismo español hay que situarlo en Barcelona y Madrid. En la ciudad condal se crea en 1923 el Club Cinematográfico Studio que programó varias sesiones cinematográficas en las que reivindicaba el carácter cultural de las pelí­culas y se postulaba su estudio. En un registro similar hay que anotar las sesiones que en 1927 organizó Luis Buñuel en la Residencia de Estudiantes madrileña.
Poco tiempo después surgí­a, también en Madrid, impulsado por la revista cultural La Gaceta Literaria el Cine-Club Español, que comenzaba sus actividades el 23 de diciembre de 1928. Paralelamente a esta iniciativa surgí­a en Barcelona, promovido por la revista de vanguardia Mirador, el Barcelona Film Club. El éxito que cosecharon las primeras sesiones del Cine-Club Español hizo que desde diferentes ciudades españolas se promoviese la creación de otros cineclubs. Entre éstos se encontraba el Cine-Club de Bilbao.
La llegada de la II República fue un revulsivo para que la idea cineclubí­stica germinara con fuerza, lo que propició la creación de un amplio número de cineclubs. Estos fueron promovidos, mayoritariamente, por sindicatos y organizaciones obreras, que de esta manera desbordaron la tipologí­a de los primeros cineclubs, cuyo público era burgués e intelectual.
La sublevación militar de 18 de julio de 1936 y la posterior derrota de la II República, cercenaron de raí­z ese amplio movimiento cineclubí­stico. La dictadura franquista prohibió todos los cineclubs excepto el Cine Club Sindicato Español Universitario, de ideologí­a fascista.
La actividad de los cineclubs comienza a resurgir de forma tí­mida a partir de la segunda mitad de la década de los cuarenta. Exponente de esta nueva etapa del movimiento cineclubísta fue el surgimiento en 1945 del Cine-Club Círculo de Escritores Cinematográficos, en Madrid, y el Cine-Club Zaragoza.
Los años cincuenta fueron para los cineclubs una etapa de expansión y consolidación de su actividad, amparados por la iglesia católica y el oficial Sindicato Español Universitario. Paradigma de ello fueron el Cine-Club Monterols de Barcelona (1951) y el Cine-Club Universitario de Salamanca (1953). El primero se situaba en la órbita del Opus Dei. A su actividad cinematográfica sumó a partir de 1960 la edición de la revista Documentos Cinematográficos. El segundo surgió al amparo del sindicato de estudiantes, impulsando, en 1955, una publicación propia: Cinema Universitario.
También en 1953 se fundaba, auspiciado por la iglesia católica, en Bilbao, el Cine-Club Fas, que desempeñó un papel protagonista en el movimiento cineclublísta, ya que tras la Primera Reunión Nacional de Cine-Clubs, celebrada en Bilbao, surgió la Federación Nacional de Cine-Clubs.
El rol importante que comenzaban a desempeñar los cineclubs, en la dinamización de la labor cultural en materia cinematográfica, llevó al régimen franquista a regular su actividad, creándose mediante la Orden del Ministerio de Información y Turismo de 11 de marzo de 1957 el Registro Oficial de Cine-Clubs. Se reconocí­a, de esta forma, la creciente expansión que estaban experimentado éstos.
Los ecos de este ascenso de los cineclubs y del trabajo que desempeñaban, en pos de ir forjando una cultura cinematográfica, también llegaron a Barakaldo a partir de los primeros años de la década de los sesenta. Aunque no fueron muy relevantes y no pasaron de una fase embrionaria, constituyen un testimonio de la inquietud existente entre algunos jóvenes del municipio por impulsar iniciativas que se situaban claramente próximas a la labor cultural que desarrollaban los cineclubs. Estas quedaron reducidas, no obstante, a varias sesiones de cineforum.
La más relevante, y la única que hemos podido documentar con algún detalle, corresponde a la que promovieron la Asociación de Antiguos Alumnos de los Salesianos.  En la primera sesión de cineforum, que tuvo lugar el 25 de enero de 1962, se proyectó la pelí­cula estadounidense El diario de Ana Frank (The Diary of Anne Frank, George Stevens,1959).
La presentación de la pelí­cula y la dirección del coloquio posterior corrió a cargo de Miguel Ruiz, presidente del Cine-Club Sestao. Preguntado, en la revista Atalaya, por sus impresiones sobre la sesión y si consideraba que la iniciativa podí­a cuajar en un cineclub, ofrecí­a la siguiente respuesta: [El ambiente que he visto es bueno para el cineclub, yo no sé si la gente ha ido por la novedad o porque le interesa. Para saberlo ciertamente, yo seguirí­a dando más sesiones]
Y eso fue lo que hizo la Asociación de Antiguos Alumnos de los Salesianos, qué en los siguientes meses, con una periodicidad quincenal, siguió programando nuevas pelí­culas.
Los promotores de las sesiones siguieron intentando que éstas fueran el embrión de un cineclub. Un objetivo que se habí­an marcado conseguir en octubre de ese año, momento en el que esperaban contar con unos trescientos socios, que tendrí­an que abonar una cuota mensual de diez pesetas.
Esta tentativa, fallida, por constituir un cineclub no tuvo continuidad, por lo que hubo que esperar una década, hasta los años setenta, para que se retomasen de nuevo las sesiones de cineforum, que se caracterizaron por la heterogeneidad de sus impulsores y por el planteamiento también diferente que asumieron las mismas. Así­ algunas de ellas se circunscribieron al ámbito escolar, como las que tuvieron lugar en los colegios San Agustí­n (1972) y San Vicente de Paúl (1973). Otras fueron organizadas por la Organización Juvenil Española en 1974 y 1975. Sobre todas ellas no hemos logrado recopilar ningún dato más.
Algo más de información nos ha quedado sobre las sesiones cinematográficas que organizaron el Club Elejalde (1973) en el Teatro Baracaldo (35 mm, de pago), el Cí­rculo Cultural y Recreativo y la Cooperativa Bide Onera, en 1974, en sus sedes (16 mm, gratuita).

 

  • Tiempo para cineclubs

Todas estas sesiones de cineforum denotan que existí­a entre los jóvenes de Barakaldo un deseo latente de abordar el hecho cinematográfico desde su vertiente cultural. Se buscaba, por tanto, trascender la visión tradicional y convencional de la exhibición cinematográfica, la que estaba ligada a la visión, exclusivamente, de las pelí­culas, que era la que practicaban la mayorí­a de los espectadores.
A esta inquietud le faltaba la creación de una estructura estable de trabajo, que es la que proporcionan los cineclubs, necesaria si se querí­a dar a la actividad cinematográfica una continuidad, que le permitiera perdurar en el tiempo.
Se trataba, en definitiva, de aglutinar en torno a un proyecto común a un grupo de personas para impulsar la constitución de un cineclub a fin de, a continuación, dirigirse a la búsqueda de un público potencial, que pudiera estar interesado en acudir a este tipo de sesiones de cine y que con su participación diera estabilidad a un proyecto inédito hasta entonces. Una iniciativa que contaba con gran predicamento en otras localidades, donde un público joven apoyaba de forma entusiasta este tipo de exhibición cinematográfica, esta manera de entender y relacionarse con las pelí­culas.
La materialización de este anhelo tuvo lugar por primera vez en 1973, con la creación del Cine-Club Saura, un proyecto que cabe calificar como efí­mero. El proyecto surgí­a como una continuación de las iniciativas que en este campo se habí­an realizado en el municipio y que habí­an contado con el apoyo de los jóvenes: «Los barakaldeses, y principalmente cierto sector de la juventud, ha respondido satisfactoriamente, en general a las iniciativas culturales patrocinadas por el Ayuntamiento de Barakaldo. Este pretendido cine-club viene a continuar estas inquietudes y, en cierto sentido, trata de hacerlas estables».
El cineclub no tení­a como destinatario único a los jóvenes, sino que su pretensión era dirigirse al conjunto de los vecinos. En un principio el público al que querí­an llegar era la población adulta, para más adelante programar pelí­culas adecuadas para niños y adolescentes. Confiaban en alcanzar la cifra de trescientos socios necesarios para que éste fuera viable. Con esa finalidad habí­an fijado una cuota económica, ya que no les moví­a «ningún interés comercial».
No hemos podido concretar el tiempo que funcionó el cine-club ni las pelí­culas que proyectaron en el salón de actos del Colegio San Vicente de Paúl, local que acogió sus sesiones. Fue un primer intento por impulsar la puesta en marcha de un cine-club que lamentablemente no cuajó, aunque su testigo no tardarí­a en recogerse con mayor fortuna.
Este intento, frustrado, por dotar a Barakaldo de un cine-club, que canalizase las inquietudes de los aficionados al cine del municipio, no apagó la idea por alcanzar ese objetivo, que se estaba resistiendo durante demasiado tiempo, ya que el sustrato, el público potencial, existí­a.
Una muestra de esta inquietud, que seguí­a presente entre los cinéfilos, la encontramos en la revista San Vicente, editada por la biblioteca del mismo nombre. En su número 4, correspondiente a enero de 1975, se incluí­a un artí­culo, con un tí­tulo escueto pero elocuente, ya que condensaba en tres palabras, «Por un cine-club», un deseo que muchos suscribirí­an.

  • El término cinefórum designa al coloquio que se desarrolla tras la proyección de la pelí­cula, abordándose el tema que se plantea en ella.
  • El termino cineclub, según el Diccionario de la Lengua Española, corresponde a la «Asociación para la difusión de la cultura cinematográfica, que organiza la proyección y comentario de determinadas pelí­culas»

En resumidas cuentas, la expresión cinefórum serí­a una de las actividades que realiza un cineclub, por lo que este último término es más completo y define mejor el tipo de actividad que se realiza bajo la denominación de cineclub. Más allá de estas disquisiciones el objetivo común: poner en marcha una organización estable que canalizase la inquietud que tení­an en torno al cine. De ahí­ el llamamiento que se hací­a en el artí­culo para juntar todas las voluntades dispersas en ese anhelo común: la creación de ese objeto de deseo que era un cineclub en Barakaldo.

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  • El Cine-Club Paúles entra en escena

El paso adelante, aunque insuficiente, dado por el Cine-Club Saura, no fue en vano, ya que la senda que abrió fue seguida por el Cine-Club Paúles.
El Cine-Club Paúles nace en el invierno de 1975, impulsado por la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio San Vicente de Paúl. De hecho, su salón de actos fue el espacio que acogió todas las actividades cinematográficas desarrolladas durante todos sus años de existencia. Nací­a al amparo de la iglesia católica. Esta circunstancia facilitó, inicialmente, su actividad ya que el colegio disponí­a de una infraestructura básica, como era un local, una cámara de 35 mm y otra de 16 mm, para realizar las proyecciones semanales, con un mí­nimo de garantí­as. Se podí­a de esa manera acceder a una oferta amplia de pelí­culas, que no habrí­a sido posible de contar únicamente con una cámara de 16 mm
A pesar de que nací­a auspiciado por el Colegio San Vicente de Paúl, y que su nombre lo vinculaba directamente con una comunidad religiosa, el Cine-Club Paúles, se esforzó, desde sus inicios, por mantener una clara separación, de cara al exterior, entre la labor que realizaba el colegio, en el marco de su labor docente y la actividad, propiamente dicha, del cineclub.
Esta disociación estaba presente ya en el primer programa, «Definiendo el cine», que editó el cineclub. En él se establecí­an las lí­neas de actuación que se iban a seguir en su práctica cinematográfica. Un trabajo cultural que vení­a determinado por la dimensión social, ideológica y polí­tica que dimanaba del propio espectáculo cinematográfico. Así­ transcribí­an una frase de los cineastas argentinos Fernando Solanas y Octavio Getino, abanderados del Tercer Cine, en el que se posicionaban por una visión diferente de la que habí­a caracterizado al cine tradicionalmente: «Todo el cine al ser vehí­culo de ideas y modelos culturales, e instrumento de comunicación y proyección social, es en primer término un hecho ideológico y, en consecuencia, también un hecho polí­tico».
De ahí­ que el cineclub constituyese un espacio informal desde el que familiarizarse en una comprensión adecuada del hecho cinematográfico. Por lo que reivindicaban la labor que en ese campo podí­an y debí­an realizar con los espectadores que acudiesen a sus sesiones.
La imbricación que reclaman entre el cine y la sociedad, en la que surgí­a y a la que se dirigí­a el cineclub, tuvo su primera concreción en el ciclo con el que abrieron su actividad cinematográfica, dedicado a debatir la problemática de la contaminación. 
No se debe olvidar que Barakaldo habí­a experimentado desde la década de los sesenta, su segunda gran industrialización. Pasando de 42.2040 habitantes en 1950 a los 118.136 habitantes de 1970. La ciudad se convirtió en un caos urbanístico, con altos í­ndices altos de contaminación y en la carencia de zonas verdes, infraestructuras y equipamientos culturales.
En la presentación del ciclo «Contaminación» se señalaba que la contaminación era una «problema actual que nos preocupa a todos». Derivado de este hecho el cineclub querí­a, con su ciclo inicial, «estudiar este problema «’ardiente’ de nuestros dí­as. Sirviendo el ciclo de demostración de cómo el Cine-Club Paúles está al servicio de la colectividad donde ha nacido». Para este primer ciclo se eligieron tres pelí­culas: Contaminación (No Blade Of Grass, Cornel Wilde, 1970), con la que se abrió la programación, el sábado 15 de febrero. En los dos sábados siguientes se exhibieron Estos son los condenados (The Dammed, Joseph Losey, 1962), el 22 de febrero, y El último hombre… vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971), el 1 de marzo.
La programación del cineclub proyectó en el municipio muchas pelí­culas que no tení­an acogida en la programación habitual de los cines baracaldeses, y en versión original subtitulada.
Tras los primeros meses de funcionamiento, que constituyeron un excelente rodaje para la puesta en marcha del cineclub, refrendado por la asistencia de la gente a los ciclos programados, se comenzó a preparar la segunda temporada (1975-76). Esta presenta una novedad importante de tipo organizativo, al incorporar a la gestión del cineclub a varios socios, que no pertenecí­an a la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio San Vicente de Paúl. La nueva junta directiva decidió profundizar en el trabajo que se habí­a realizado durante la primera temporada, imprimiendo al mismo un carácter más polí­tico y social, acorde con el momento polí­tico que se viví­a en la sociedad española y especialmente en la vasca.
La nueva lí­nea de trabajo, se concretó en tres puntos:

  • Se apostaba por un cineclub dirigido al conjunto de la población, que huyera de toda tentación elitista.
  • Se incidía en la labor divulgativa que asumí­a el cineclub de cara a impulsar una formación cinematográfica de los espectadores.
  • Centrado en los coloquios, se apostaba por impulsar la participación de todos los asistentes. El objetivo que se marcaban era fomentar los debates y dar «con la ayuda de todos, vitalidad a los comentarios, después de cada proyección».

Durante esta temporada la programación desbordó las proyecciones de los sábados, para lo que se creó una sección nueva, denominada: «Sesiones Informativas». Sin una periodicidad regular pasó a recoger aquellas pelí­culas que por distintos motivos no tení­an encaje en la actividad cinematográfica semanal. Estos podí­an ir desde la disponibilidad de una copia durante unos pocos dí­as, lo que obligaba a montar una sesión en muy poco tiempo, a la posibilidad de proyectar algún tí­tulo interesante para los aficionados locales; en este caso se manejaba el criterio de la actualidad o la novedad.
Un precedente de este tipo de pelí­culas, como ya hemos señalado anteriormente, lo constituyó el documental musical Monterey Pop. Durante esta temporada se pudieron ver films como Viridiana (Luis Buñuel, 1961), filme prohibido por la censura franquista y que circulaba clandestinamente por el circuito informal que constituí­an los cineclubs españoles en una copia de 16 mm. De hecho, la pelí­cula no se anunció con su tí­tulo, sino que sobre un fotograma del filme se aludí­a a que era una «Sesión dedicada a Luis Buñuel» y la frase del cineasta aragonés: «La moral burguesa es lo inmoral para mí». Como prólogo a la sesión, que constituyó un éxito, a pesar de las limitaciones con las que se anunció, se exhibió el cortometraje Anticrónica de un pueblo (Equipo Dos, 1975). Este último era un buen exponente de la apuesta que hizo el cineclub por exhibir pelí­culas de cine independiente, realizadas al margen de las formas institucionales de producción (filmadas en 16 mm. o en 8 mm.) y distribución, tanto en las sesiones de los sábados como en la informativas, ya que carecí­an de las posibilidades de una exhibición normalizada.
Paso a paso, pelí­cula a pelí­cula, el Cine-Club Paúles fue forjando una lí­nea de exhibición cinematográfica coherente y de calidad, a pesar de las dificultades con las que tropezaban habitualmente los cineclubs. Entre éstas, cabe citar, una economí­a no demasiado boyante, lo que frenaba algunas de sus iniciativas, como era la de editar programas de una mayor calidad formal, y la imposibilidad de acceder a determinados filmes, debido a que las distribuidoras se negaban a alquilarlos o por su alto coste. Estas dos primeras temporadas sirvieron, no obstante, para fijar las lí­neas maestras de la programación, que se nucleó en torno a las sesiones de los sábados y las sesiones informativas.

 

  • Postulados teóricos radicales

El asentamiento del cineclub no impidió que éste, fruto del contexto social y polí­tico que se generó tras la muerte del dictador, se marcase nuevos retos en su trabajo. Fruto de ello, durante su tercera temporada, la correspondiente al curso 1976-77, decidió asumir unos postulados teóricos más radicales, que intentaron trasladar a la praxis cinematográfica.
Con este planteamiento teórico pretendí­an abrir un debate sobre la función que los cineclubs vení­an desempeñando tradicionalmente en el panorama cinematográfico, ya que jugaban un papel destacado y fructí­fero, al constituir focos de debate permanente sobre la situación social y polí­tica. Los cambios, que se estaban generando en la sociedad española y vasca, los llevó a tener que replantearse su función en el entramado cinematográfico, para adecuarse a las necesidades sociales que la nueva coyuntura polí­tica estaba impulsando.
De todas formas, para comprender en su verdadero sentido la reflexión que planteaban, hay que situarse tanto en la época como en el momento en que se formularon, un tiempo de cambio polí­tico, en el que todo parecí­a posible. Por ello intentaban construir una alternativa también en el campo cinematográfico, cuestionando una forma de concebir la industria cinematográfica, volcada, como no podí­a ser de otra forma, en la defensa de sus intereses económicos.
Esta formulación teórica de la práctica cineclubí­stica tuvo un reflejo escaso en la vida cotidiana del cineclub, que siguió con su lí­nea de programación habitual, aunque ahora se anunciaba con el reclamo publicitario: «Por un cine popular colabora en su difusión», combinando tanto la exhibición de pelí­culas presentes en los canales tradicionales de distribución como las que llegaban al margen de ellos.
La novedad más relevante de esta temporada fue la edición de la revista Ekintza (abril 1977), que nací­a al calor del impulso teórico que presidió la misma. En el primer número se indicaba que la escasa participación de la gente en los coloquios que se celebraban al concluir las sesiones estaba llevando al cineclub a convertirse en un «cine normal y corriente». Ante esta situación planteaban la revista como una plataforma para el debate, por lo que reclamaban la participación de todos, mediante la elaboración de artí­culos, que podí­an «versar sobre cualquier tema, y no sólo sobre cine», o ayudando a su «elaboración material». En su segundo número deja de ser el órgano de expresión del Cine-Club Paúles, y los artí­culos cinematográficos perdieron su protagonismo para quedar reducidos a un tema más de la revista.

 

  • Nueva coyuntura social

La dinámica de cambios en que se vio inmerso el cineclub, desde sus inicios, vení­an motivados por su voluntad de adecuarse a una situación social y polí­tica muy volátil. Esta era una clara consecuencia de la transición polí­tica en que estaba inmersa la sociedad española, que como no podí­a ser de otra forma estaba afectando también de lleno tanto al sector cinematográfico como a los propios cineclubs.
En el marco polí­tico el triunfo de la reforma sobre la ruptura trajo consigo una institucionalización de la polí­tica. Esta circunstancia llevó aparejado el cierre de los espacios informales, entre los que se encontraban los cineclubs, que se habí­an creado durante el régimen franquista con el objetivo de canalizar las inquietudes democráticas y de cambio social a las que aspiraba la oposición y una parte importante de la sociedad. En ellos encontró, igualmente, una forma de expresar su propio discurso polí­tico.
El control que el franquismo impuso al sector cinematográfico también comenzó a resquebrajarse, igualmente, tras la muerte del dictador, para adecuarse al nuevo escenario polí­tico. El primer exponente de la nueva situación llegó en febrero de 1976 con la supresión de la censura de guiones, a la que siguió en noviembre de 1977 la desaparición de la censura cinematográfica. Estos dos hechos permitieron poner fin a las restricciones que pesaban tanto sobre la producción cinematográfica española como sobre la producción cinematográfica extranjera. Se conseguí­a de esta forma ampliar el discurso cinematográfico para las pelí­culas españolas y la normalización de la exhibición, con la autorización de numerosas pelí­culas extranjeras prohibidas por la censura franquista.
Los cineclubs se vieron obligados a adecuar su trabajo a la nueva coyuntura social, ello llevó al Cine-Club Paúles a reformular su actividad cinematográfica durante la temporada 1978-79, dando mayor protagonismo en su programación a los aspectos cinematográficos en detrimento de los polí­ticos y sociales que hasta entonces habí­an sido los predominantes. No es que se abandonasen éstos, sino que pasaban a un segundo plano.
Los ciclos temáticos volvieron a formar parte importante de la programación durante la temporada 1979-80, con un fuerte componente social. En su afán por abrir nuevas posibilidades a la exhibición de pelí­culas el Cine-Club Paúles optó por la puesta en marcha de las «Sesiones Especiales», partiendo de la experiencia de las «Sesiones Informativas», ofreciendo de forma periódica, pero de manera irregular, los domingos, y de programa doble, formado por pelí­culas modernas, que no habí­an contado con una distribución comercial adecuada y filmes clásicos, que se podí­an haber visto en televisión, pero no en las salas cinematográficas.
La estabilidad que el Cine-Club Paúles logró imprimir a su actividad cinematográfica, con los necesarios ajustes para adecuar ésta a la realidad social, tan cambiante de la época, le permitió ir creciendo y sumando iniciativas a las sesiones de los sábados. La temporada 1980-81 fue una fecha clave en el trabajo que vení­an realizando en pro de la cultura cinematográfica, ya que la buena acogida que la gente dispensó a la «Sesiones Especiales», los llevó a incorporarlas a su programación habitual, por lo que se decidió agruparlas bajo un enunciado propio, para lo que se puso en marcha una nueva sección que denominaron Cinestudio Metrópolis. Esta iniciativa vení­a a completar la emprendida anteriormente con la sección infantil, denominada Cine-Club Keaton (domingos y festivos).
Comentario del diario Deia, donde se señalaba que el Cine-Club Paúles no sólo habí­a conseguido «sobrevivir en sus sesiones sabatinas dedicadas a los socios durante siete años, sino que además ha extendido su radio de acción al cine infantil, manteniendo un cineclub para niños, Cine-Club Keaton, donde todos los domingos y festivos proyectan un film adecuado para los niños de Barakaldo. Y por si esto fuera poco, desde el pasado curso, han comenzado unas sesiones dominicales, a la siete de la tarde, de tipo filmoteca, donde proyectan dos pelí­culas -una de un director joven y actual y otra de un clásico del cine- para redondear más si cabe la labor cultural-cinematográfica de este cine-club»
La etapa ascendente se empezó a cuartear por un flanco inédito hasta entonces y que no podí­an controlar: la dirección del Colegio San Vicente de Paúl, en cuyo salón de actos tení­an lugar las sesiones. Ésta, que habí­a cambiado con la designación de un nuevo director, comenzó a manifestar su disconformidad con las pelí­culas que se proyectaban, expresando su deseo de supervisar la programación, argumentando para ello que se estaba dañando la imagen del colegio.
Este intento de censurar la programación fue rechazado de plano por el colectivo que gestionaba el cineclub, que intentó en vano convencer al director del colegio, que eran dos entidades completamente distintas que no tení­an nada que ver, con una actividad claramente diferenciada la una de la otra por lo que no podí­an supeditar la actividad del cineclub a sus intereses. Es más, se les indicó que cualquier que hubiera seguido mí­nimamente la trayectoria del cineclub en ningún caso podrí­a vincular la actividad del colegio con la del cineclub, más allá del hecho puntual de que compartieran el nombre.
En vista de que no se llegaba a ningún acuerdo, se optó por proponer un cambio en el nombre del cineclub, que deslindase claramente la actividad de éste de la del colegio. Con ello se perseguí­a que bajo ninguna circunstancia se pudiera asociar el nombre del colegio con el del cineclub. La propuesta fue aceptada por la dirección del colegio, por lo que se procedió al cambio de nombre, de esta manera el Cine-Club Paúles pasó a denominarse Cine-Club Nosferatu. El nuevo nombre no implicó nada más, ya que tanto la estructura organizativa del cineclub como la lí­nea de su programación no experimentaron ningún cambió, por lo que se mantuvo el mismo esquema de trabajo para las sesiones de cine, con sus correspondientes nombres: Nosferatu (para las pelí­culas de los sábados, con su pertinente coloquio), Keaton (para las pelí­culas infantiles de los domingos y festivos) y Metrópolis (para los programas dobles de los domingos).
La solución fue más aparente que real, cabe por ello calificarla como una tregua momentánea, ya que la dirección del Colegio San Vicente de Paúl volvió a plantear de nuevo su intento de dar su conformidad, de censurar, a la programación del cine-club. Algo a lo que el colectivo que lo dirigí­a se opuso, como no podí­a ser de otra forma, recordando a la dirección del colegio el compromiso al que se habí­a llegado. Un acuerdo que se pretendí­a incumplir, que de hecho se incumplió, ya que al persistir las diferencias de criterio sobre el trabajo que realizaba el cineclub y al no poder controlar el mismo la dirección del colegio optó por no volver a ceder su salón.
Esta determinación provocó que la temporada 1981-82 fuera la última del Cine-Club Paúles. Un curso cinematográfico que comenzó con la proyección de Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu, Phantom der nacht, Werner Herzog, 1978). Con la elección de esta pelí­cula el cineclub querí­a simbolizar a la vez que remarcar el cambio de nombre que traí­a la nueva temporada. Una modificación, formal, que se restringió únicamente al nombre, ya que la programación siguió estructurada en torno a los ciclos temáticos, como «OTAN no», y a los estrictamente cinematográficos como «Los cinemas nacionales contra el imperialismo de Hollywood» o «Ciencia- Ficción». De igual forma el Cinestudio Metrópolis siguió con sus habituales programas dobles, de los domingos, por lo que esta sección fue la encargada de poner el punto final a la actividad cinematográfica de Paúles/Nosferatu el domingo 27 de junio con la proyección de Laberinto mortal (Les liens de sang, Claude Chabrol, 1978) y Can-Can (Can-Can, Walter Lang, 1960). Aunque en ese momento desconocí­an que esa iba a ser la última sesión del cineclub, ya que la noticia de que no podrí­an volver a utilizar el salón del colegio Paúles llegó a comienzos de septiembre cuando estaban en plena preparación de la nueva temporada.
La decisión de la dirección del Colegio San Vicente de Paúl precipitó la desaparición del Cine-Club Paúles/Nosferatu, ya que puso sobre la mesa la diferente visión que tení­an los miembros del colectivo, que gestionaban el cineclub, sobre la estrategia a seguir a partir de ese momento. Los miembros más dinámicos del cineclub habí­an planteado la temporada anterior la necesidad de acomodar la dinámica de trabajo del cineclub a los nuevos tiempos y redefinir el papel que éste debí­a jugar en el futuro más inmediato. Para ello el cineclub debí­a diseñar una nueva estrategia de trabajo que le permitiera crecer a medio y largo plazo. Consecuentemente con este planteamiento plantearon una propuesta centrada en cuatro puntos: 1) Afianzar la labor que en el campo de la exhibición se estaba realizando; 2) Continuar y consolidar los cursillos de cine que habí­an comenzado a impartir; 3) Elaborar un proyecto para introducir el cine en la escuela; 4) La puesta en marcha de un taller de cine.
Esta diferencia de enfoques generó dos nuevos cineclubs: Contrastes y Potemkin. Dos iniciativas, sumamente voluntariosas, que no llegaron a cuajar, por lo que su existencia cabe calificarla como efí­mera, tanto en cuanto al tiempo que llegaron a funcionar como por la escasa incidencia cultural que ambos tuvieron.
Fueron pálidos reflejos de trabajo que desarrolló el  Cine-Club Paúles/Nosferatu en el campo de la exhibición cultural, ya que la impronta que dejó en la memoria de los cinéfilos baracaldeses fue muy amplia y ha perdurado en el tiempo, como se recordaba desde las páginas del diario Egin, bastantes años después de su desaparición: «Los cineclubs han jugado también un papel importante en esta historia (se refiere a la de la exhibición cinematográfica), y aquí­ la columna vertebral la ocupa el Cine-Club Paúles, una realidad casi legendaria que formó en el cine a toda una generación de barakaldeses, la generación del ‘encanto’ y el desencanto».
En este sentido podemos indicar, por último, que el extraordinario papel que desempeñó el Cine-Club Paúles en el terreno cinematográfico durante las siete temporadas que funcionó, de febrero de 1975 a junio de 1982, constituyen un hito fundamental de la exhibición cinematográfica cultural en Barakaldo. Una experiencia irrepetible hasta la fecha, que ha quedado fijada, como un recuerdo imborrable, en la memoria de todos los cinéfilos.